En un mundo donde todo va deprisa, hacer queso de forma artesanal es casi un acto de rebeldía. En Quesos Maíta elegimos la calma, la dedicación y el respeto por los tiempos de la naturaleza. Y lo hacemos porque creemos que el sabor auténtico solo nace cuando se trabaja con el corazón.
Pero, ¿qué hay detrás de cada pieza de nuestros quesos? ¿Qué los hace tan especiales? La respuesta no está solo en los ingredientes, sino en todo lo que no se ve… pero se siente en cada bocado.
🌾 Todo empieza en el campo
La calidad de un queso nace mucho antes de entrar en la quesería. En nuestro caso, empieza en la ganadería propia, donde cuidamos con mimo a los animales que nos dan la leche. Sabemos lo que comen, cómo viven y qué ritmo llevan. Apostamos por una ganadería responsable, porque creemos que el bienestar animal se traduce en una leche más rica, más pura, más viva.
La leche se recoge fresca cada día y se utiliza sin largos desplazamientos ni procesos industriales que le roben su esencia. Para nosotros, eso es respeto. Y es también una forma de mantener viva la conexión con nuestra tierra.
🧂 Un proceso que no corre
Una vez en la quesería, comienza la magia. Pero no con botones ni automatismos. Comienza con manos expertas, con miradas atentas y con una paciencia que se ha heredado de generación en generación. Cada paso se hace como antes: calentar, cuajar, cortar la cuajada, moldear… Y esperar.
Porque sí: hacer queso es, sobre todo, esperar. No hay prisa. No se puede correr. La leche necesita tiempo para transformarse, y nosotros se lo damos. Como lo hacía Maíta cuando ayudaba a nacer a los niños de su pueblo: con cuidado, sin forzar, con sabiduría.
🕰️ Madurar con historia
Una vez formados, nuestros quesos pasan al lugar donde se hacen mayores: la sala de maduración. Allí, la temperatura y la humedad están controladas, pero el alma sigue siendo la misma. Cada queso reposa, respira y evoluciona con el paso de los días. Algunos se quedan semanas, otros varios meses.
Durante este tiempo, los cuidamos. Se les da la vuelta, se les limpia la corteza, se les escucha. Porque sí, hay quesos que hablan. No con palabras, pero sí con señales que solo entiende quien ha aprendido a observar.
Y cuando están listos, no solo lo sabemos. Lo sentimos.
❤️ El alma de Maíta en cada bocado
Elaborar nuestros quesos no es solo un oficio. Es una forma de contar una historia. La de Maíta, una mujer que dedicó su vida a cuidar de los demás, a dar vida, a sostener con ternura. Así queremos que se sienta cada bocado: como un abrazo cálido, como una charla en la cocina, como una herencia que se transmite a través del sabor.
Por eso decimos que nuestros quesos no se fabrican, se elaboran. Y no se venden, se comparten.
Porque cuando un alimento está hecho con verdad, lo notas.
Aunque no lo veas, lo sientes.